Virus del Ébola y murciélagos libraron una batalla durante millones de años

El virus del Ébola y los murciélagos han estado librando una batalla molecular por la supervivencia que puede haber comenzado hace al menos 25 millones de años, según un estudio dirigido por investigadores de la Escuela de Medicina Albert Einstein, la Universidad de Colorado-Boulder (CU-Boulder) y el Ejército de los EE.UU.

Los hallazgos arrojan luz sobre los factores biológicos que determinan qué especies de murciélagos pueden albergar el virus que generan los brotes en los seres humanos y cómo estos murciélagos pueden transmitir el virus a las personas.

En una investigación anterior los científicos encontraron que el virus del Ébola infecta células huésped adjuntando su glicoproteína de superficie a un receptor de la célula huésped llamado NPC1. En este estudio, muestran cómo los murciélagos han evolucionado para resistir la infección del Ébola y cómo, a su vez, el virus podría haber evolucionado para superar esa resistencia.

Los científicos creen que los brotes de la enfermedad provocada por el virus del Ébola entre humanos comienzan cuando una persona entra en contacto con un animal salvaje que lleva el virus. Este virus, a diferencia del VIH o el de la influenza, permanece oculto en un reservorio natural desconocido hasta ahora. Se creía que algunos tipos de murciélagos son esos posibles reservorios virales, pero poco se sabe sobre cómo el virus del Ébola interactúa con estos.

Con el propósito de obtener más información un equipo de científicos, expuso células de cuatro tipos de murciélagos africanos (dos de ellos previamente vinculado a Ébola) a varios filovirus*, incluyendo el virus del Ébola. Las células de un solo tipo de murciélago resultaron resistentes a la infección por el virus: el murciélago de la fruta africana de color pajizo. Este murciélago que es comúnmente cazado por su carne en África Occidental migra largas distancias.

*Filovirus, virus que poseen filamentos y que tienen formas variables. Suelen infectar a primates, causándolos serias fiebres hemorrágicas, caracterizadas por anormalidades en el sangrado y en coagulación sanguínea, incluyendo el sangrado difuso. El virus Ébola es uno de estos tipos y destruye el sistema inmunitario.

Así, los científicos han asociado esta resistencia a un cambio de la proteína en un gen (NPC1) de este murciélago. Este pequeño cambio impide la unión del Ébola al receptor del gen. De manera que el murciélago de color pajizo de la fruta africana, que fue sospechoso de ser un reservorio del virus Ebola en la reciente epidemia de África occidental, probablemente no era culpable.

Sin embargo los investigadores indagaron aún más en el problema. Demostraron que un cambio de un aminoácido en una proteína (glicoproteína) de la superficie del Ébola podía superar la resistencia a la infección de las células de estos murciélagos. Los resultados señalan que un filovirus pudo evolucionar para infectar mejor un reservorio con receptores que son menos óptimos. Parece que una barrera baja para el virus del Ébola permite que las células se multipliquen en este tipo de murciélago.

Observaron además, que algunos filovirus que no son el Ebola fueron capaces de infectar las células de todos los tipos de murciélagos probados, incluyendo el murciélago de la fruta de color pajizo africana. Estos virus ya tenían el cambio en el aminoácido que permitió que el virus del Ébola mutado infecte células de los murciélagos de la fruta de color pajizo, por lo que no tendría ningún problema en unirse a los diferentes receptores del gen (NPC1). Los autores sugirieron que este cambio genético en las secuencias de la glicoproteína de algunos filovirus puede haber evolucionado para contrarrestar cambios en las secuencias NPC1 de sus anfitriones del murciélago.

El equipo de investigación analizó entonces genéticamente NPC1 en 13 especies de murciélagos. Encontraron que la parte del receptor NPC1 donde agregaron virus Ébola ha evolucionado rápidamente en los murciélagos, mucho más rápidamente que en los seres humanos y otros primates. En base a esto, los investigadores concluyeron que, esta rápida evolución, probablemente fue impulsado por una 'carrera armamentista' a largo plazo entre los murciélagos y los filovirus. Encontraron que un segmento del gen derivado de un filovirus encontró su camino en algunos genomas de murciélagos por lo menos hace 25 millones de años. Esto es casi el doble del intervalo de tiempo en que los murciélagos estuvieron expuestos al filovirus.

Los científicos finalizan señalando que, la identificación de potenciales reservorios animales para el virus de Ébola proporcionará una guía fundamental para los programas de prevención de la salud pública y de nuestras respuestas en el futuro.