La malaria devasta a los humanos mucho antes de lo que se pensaba

 

La malaria ha amenazado a las comunidades humanas durante más de 7.000 años, mucho antes de los humanos iniciaran la agricultura en una región de Asia.

Hasta ahora se creía que la malaria se convirtió en una amenaza global para los humanos cuando iniciamos la agricultura, pero esta investigación muestra que, al menos en el sudeste asiático, esta enfermedad era una amenaza para los grupos humanos mucho antes.

Aun siendo un problema de salud grave, en 2019 la Organización Mundial de la Salud notificó un estimado de 229 millones de casos de malaria en todo el mundo, con el 67 por ciento de las muertes producidos en niños menores de cinco años.

Si bien la malaria es invisible en el registro arqueológico, la enfermedad ha cambiado la historia evolutiva de los grupos humanos provocando consecuencias visibles en esqueletos prehistóricos. Ciertas mutaciones genéticas pueden generar la herencia de la talasemia, una enfermedad genética devastadora que, en su forma más leve, brinda cierta protección contra la malaria.

En lo lejano del pasado de la humanidad, los genes de la malaria se volvieron más comunes en el sudeste asiático y el Pacífico, donde sigue siendo una amenaza, pero hasta ahora no se ha identificado el origen de la malaria. Esta investigación ha identificado talasemia en un antiguo sitio arqueológico de cazadores-recolectores de Vietnam que data de hace aproximadamente 7.000 años, miles de años antes de la transición a la agricultura en la región.

En algunas partes del mundo, la tala y la quema en la práctica agrícola habrían creado charcos de agua estancada que atraen a los mosquitos portadores de la malaria, pero en el sudeste asiático estos mosquitos son habitantes comunes de los bosques que exponen a los humanos a la enfermedad mucho antes de que se adoptara la agricultura.

Este estudio es el resultado de esfuerzos combinados de años de investigación de un equipo de científicos dirigidos por el profesor Marc Oxenham (actualmente en la Universidad de Aberdeen) e incluyendo investigadores de Universidad de Otago, Universidad Nacional de Australia (ANU), Universidad James Cook, Instituto de Arqueología de Vietnam y Universidad Médica de Sapporo.

La investigación es la primera de su tipo en utilizar técnicas microscópicas para investigar los cambios en el tejido óseo para identificar la talasemia. En 2015, la profesora Hallie Buckley de la Universidad de Otago, notó cambios en los huesos de los cazadores-recolectores que la hicieron sospechar que la talasemia podría ser la causa, pero los huesos estaban demasiado mal conservados como para confirmarla. Posteriormente, el profesor Buckley trabajó Justyna Miszkiewicz, de ANU, experta en microscopía de huesos, para estudiar las muestras antiguas de Vietnam. Estas mostraron evidencia de porosidad anormal que refleja las complicaciones modernas de pérdida ósea en pacientes talasémicos.

Al mismo tiempo, Melandri Vlok, del departamento de Anatomía de la Universidad de Otago, durante su investigación doctoral en Vietnam, encontró cambios en los huesos encontrados en un sitio agrícola de 4000 años en la misma región del sitio de cazadores-recolectores de 7000 años. La investigación combinada sugiere una larga historia de cambios evolutivos de la malaria en el sudeste asiático que continúa en la actualidad.

En el estudio se juntaron muchas piezas para, luego darse cuenta de que la malaria estaba presente y era problemática para estas personas hace miles tantos años, y mucho antes de lo que sabíamos hasta ahora.