En nevado Quelccaya encuentran huellas de contaminación temprana producida por humanos en Sudamérica

Investigación reporta el descubrimiento de una capa dentro del núcleo de hielo del nevado Quelccaya que data de la época de la conquista española de los Incas, que contiene trazas de plomo que lleva la firma química de las minas de plata de Potosí.

Este núcleo proporciona el primer registro detallado de la contaminación atmosférica generalizada producida por humanos en América del Sur desde antes de la revolución industrial, y hace del Quelccaya uno de los pocos lugares selectos del planeta donde se puede estudiar hoy el impacto humano pre-industrial en la calidad del aire.

 

Durante la conquista española, en el siglo 16, se forzó a miles de incas a trabajar en la extracción de plata de las minas de Potosí, entonces la mayor fuente de plata en el mundo, ubicada en la actual Bolivia. Los Incas ya sabían cómo refinar la plata, pero en 1572, los españoles introdujeron una nueva tecnología que impulsó por muchas veces la producción y, como resultado, produjeron también espesas nubes de polvo de plomo que se levantaron y fueron enviados sobre los Andes, por primera vez en la historia.

Los vientos llevaron la contaminación hasta 500 millas al noroeste en Perú, donde diminutos restos se depositaron en el Glaciar Quelccaya. Es en este glaciar que quedó enterrado bajo nieve y hielo cientos de años hasta que los investigadores de la Universidad Estatal de Ohio lo encontraron en el 2003.

Para este estudio, los investigadores utilizaron espectrómetría de masas para medir la cantidad y tipo de productos químicos presentes en el hielo. La muestra fue datada entre los años 800 de nuestra era. Buscaron antimonio, arsénico, bismuto, molibdeno y especialmente plomo. Esto debido a que el proceso de refinamiento que los españoles introdujeron en Sudamérica involucró la molienda del mineral de plata que es mucho más ventajoso que el polvo de plata, antes de mezclarla con el mercurio en un proceso llamado fusión. De manera que la contaminación atmosférica de la producción de plata contendría principalmente trazos de partículas de plomo.

El espectrómetro de masas reveló algunos picos en las concentraciones de estos elementos en los años anteriores a la dominación española, pero esas capas no coinciden con las fuentes de contaminación naturales, como las erupciones volcánicas. Sin embargo, todo comenzó justo antes de 1600, tiempo en que el hielo del nevado Quelccaya comenzó a capturar cantidades mucho mayores de estos elementos, y estas altas cantidades persistieron hasta principios de 1800, cuando los países de América del Sur declararon su independencia de España.

Para precisar de donde provino la contaminación, los investigadores compararon sus datos con los de una turbera en Tierra del Fuego, Chile, y de los registros sedimentarios lacustres de regiones, incluyendo Potosí y otras minas en toda Bolivia y Perú. Estos últimos sitios habrían capturado la contaminación generada en su área local durante ese tiempo.

Se encontró que las firmas químicas en el hielo del nevado Quelccaya estaban conectados con lo que los investigadores sabían de registros escritos, concluyendo que era muy probable que la mayor parte de la contaminación viniera de Potosí, donde los españoles produjeron la gran mayoría de la plata. Pero señalan que otras minas en toda la región también contribuyeron a la contaminación del Quelccaya pero en menor medida.

Los investigadores señalaron que, incluso en sus concentraciones más altas, los elementos atrapados en el hielo no son visibles a simple vista, sólo se pueden detectar a través de análisis químicos. La sección del núcleo de hielo que los contiene es de un aspecto blanco translúcido perfectamente limpio. Agregan, además, que el hecho de que se pueda detectar la contaminación en el hielo desde un lugar prístino de gran altitud es indicativo de la importancia continental de esta deposición. Sólo una fuente importante de contaminación puede viajar tan lejos y afectar la química de la nieve en un lugar remoto como Quelccaya, indicaron.

La propagación de la contaminación humana realizada a través de vastas distancias se ha convertido en común desde la revolución industrial a finales del siglo 18. Groenlandia, por ejemplo, recibió cantidades sustanciales de contaminación por plomo debido al aire de Europa y los Estados Unidos hasta la década de 1970, cuando las políticas nacionales empezaron a exigir a los productores de gasolina a cambiar su fórmula. Y algunos indicios de contaminación de los cielos de América del Norte que actualmente preocupa provienen de Asia, que está experimentando su propio auge industrial en este momento.

Una cuestión que se discute en la comunidad científica es si las actividades humunas anteriores se debe incluir en las medidas de impacto ambiental humano. Por ejemplo, los núcleos de hielo en Groenlandia contienen trazas de plomo desde el siglo quinto, los que habían sido enviados por el aire como producto de la fundición en las antiguas civilizaciones griega y romana. Este último núcleo de hielo de Quelccaya muestra que los humanos generaron una contaminación considerable en el siglo 16. A pesar de esto, fue en el siglo 20 cuando se produjo más contaminación que en cualquier otro momento en la historia humana.

Los organismos internacionales de políticas geológicas están considerando llamar oficialmente a nuestra época actual el Antropoceno, o "Edad de seres humanos", para designar el espacio de tiempo en que los humanos han estado cambiando el medio ambiente. Es este debata contribuirá este estudio realizado en el núcleo nevado Quelccaya.

Ahora los investigadores están dirigiendo su atención a un núcleo sacado del Glaciar Dasuopu ubicado en el suroeste de China. Es el núcleo de hielo de mayor altitud jamás recuperada, y contiene unos 8.000 años de historia del clima. Con esto espera obtener nuevas y poderosas historias de la antigua actividad humana.

Es estudio ha sido publicada en la Actas de la Academia Nacional de Ciencias y desarrollado por un equipo de investigadores encabezado por Paolo Gabrielli, científico de Polar Byrd y el Centro de Investigación del Clima del Estado de Ohio.