El rescate de la academia en la universidad

La ausencia de debates, de reuniones de intercambio de pareceres, de concepciones o visiones del mundo, de presentaciones y/o discusiones sobre teorías y métodos, así como la ausencia de grupos de interesados en indagar sobre algún asunto de sus disciplinas, conocer más sobre su objeto de estudio y otros, en la universidad, ha convertido a esta en un mercado de pulgas. Es decir, en un lugar a donde el "USUARIO" o "CLIENTE" acude en busca de ofertas. Así, la cosa rápida, fácil y barata, es deseada y exigida, y las clases en la universidad se vuelven aburridas, los profesores (algunos pensantes) son vistos como lunáticos que hablan de “cosas filosóficas” sin sentido ni valor práctico.

Es que el empirismo extremo, el hecho de contar eventos y recopilar datos, y de reaccionar ante los estímulos del entorno –actuar sin pensar-, ha tomado control de nuestra vida, ha dado de baja nuestra capacidad de abstracción y raciocinio. Así, nada vale si no lo veo, sino lo puedo contar y/o mostrar en porcentajes o frecuencias. En esta moda, una persona es un número, el llanto de un niño es un punto en una escala, las protestas sociales son porcentajes de descontento de desadaptados y las elocubraciones de Stephen Hawking son puro onanismo mental.

¿Qué diablos es la Epistemología?, ¿para qué sirve la Filosofía?, ¿De qué nos sirve indagar en la complejidad de la condición humana? Son preguntas que, con frecuencia, irrumpen en los espacios académicos de más alto rango. Puesto que, afirman, son mejores las disciplinas que nos hacen ver a la gente como potenciales compradores, que gozan con los que sólo reaccionan a su entorno, y que nos muestran los porcentajes del mercado, del público objetivo y nos enseñan a contar nuestras ganancias.

Pero, sin teoría ni análisis, estudiar el genoma se convierte en algo así como contar granos de maíz con un microscopio; estudiar Historia, es como hacer el menú de restaurant; estudiar Sociología, es como colorear láminas de niños de jardín; estudiar Psicología, es aprender a ubicar a un sujeto en un nivel de locura; y estudiar Odontología es adquirir destreza en el manejo de un alicate y un martillo. Es decir, recopilar datos, inconexos, o aplicar técnicas en objetos sin alma, sin historia ni significados.

El rescate de la academia no es para alucinar ni divagar. Es para recuperar la universalidad del pensamiento, de la condición humana; es atreverse y esforzarse para meterse en la complejidad, para extender nuestras capacidades y conocer nuestros límites, así como para buscar soluciones reales al caos social, y tratar de salvar a esta humanidad que se cae a pedazos.